

LA
HISTORIA DEL SUBMARINO C-3
(Revista
General de Marina. Nov.1998. Ministerio de Defensa)
Capitanes
de Corbeta Luis Mollá Ayuso y José A. Portolés
Sanjuán
|
Miércoles
12 de diciembre de 1936. Amanece un día gris y oscuro en el
sur de Andalucía. A pocas millas del puerto de Málaga
el submarino C-3 desplaza lentamente sus 916 toneladas
por unas aguas frías y tranquilas. Un escenario triste que
parece presagiar la tragedia que no va a tardar en presentarse.
Hace
pocos minutos que las campanas de la catedral de Málaga han
repicado dos veces y los malagueños se dirigen a sus casas
a comer preocupados por la situación del país desde
que hace casi cinco meses otras campanas, campanas de guerra, han
sonado también dividiendo al país en dos partes que
antes o después se saben condenadas a entenderse.
A
bordo del submarino ya han comido. De primer plato, caldo gallego,
y de segundo, huevos fritos con tomate. En el puente, el comandante
del buque, alférez de navío Antonio Arbona, charla con
el capitán de la Marina Mercante Agustín García
Viñas, agregado a la dotación del submarino como oficial
de derrota.
En
el mismo puente, el serviola Francisco Fuentes escudriña el
horizonte en busca de posibles unidades enemigas. A popa, los marineros
Isidoro de la Orden y Arsenio Lidón, malhumorados porque su
relevo tarda en llegar, arrojan a la mar los restos del almuerzo.
Todo
ocurre de repente. Sin causa aparente el submarino se estremece hundiendo
violentamente la proa en el agua mientras se balancea suavemente a
estribor. En pocos minutos el C-3 desaparece bajo las
frías aguas dejando como única memoria de su presencia
un penacho de denso humo blanco que se disipa pronto, una espesa mezcla
de combustible y aceite que desaparece siguiendo la corriente y tres
hombres que nadan asustados sin otro rumbo que el de salvar la vida.
Se trata del capitán García Viñas y de los dos
marineros que deberán la vida a la pereza de sus relevos. No
lejos de ellos flotan los cadáveres del comandante y del serviola.
El resto, 35 hombres, desaparecen con el submarino que 70 metros más
abajo se habrá de convertir para ellos en un sudario de hierro.




El
submarino clase C
Aquel
submarino era el tercero de la serie C, del modelo serie
105F, con licencia de la Holland Boat, que mejoraba la anterior, la
B, en muchos aspectos como velocidad en superficie, rapidez
de inmersión y cota máxima, que alargaba hasta los 87
metros. Aunque y debido a que montaba la misma batería que
los B para un desplazamiento bastante mayor, resultaban
inferiores en velocidad y manejabilidad en inmersión. Además
empeoraba la estanqueidad, o al menos la rapidez en conseguirla, factor
que probablemente tuvo mucho que ver en la rapidez de su pérdida.
En
total fueron seis los submarinos que la Constructora Naval Española
entregó a la Armada desde su planta de Cartagena entre 1928
y 1930 y que constituyeron genéricamente la clase C.
Al
estallar la guerra estos seis C constituían junto
a otros tantos B el arma submarina española. Los
cuatro primeros de estos B tenían como base Mahón
y eran pocos útiles para el combate, mientras que los dos últimos
juntos a los seis C atracaban en Cartagena y constituían
realmente la Flotilla, una agrupación bien instruida y entrenada
y que contaba además con mucha solera.
|
Constructora:
|
S.E.C.N.
(Sociedad Española Construcciones Navales) Cartagena
|
| Desplazamiento:
|
925
Tm. en superficie / 1.144 Tm en inmersión |
| Dimensiones: |
Eslora
total: 73,3 m. / Manga: 6,3 m. / Calado: 5,7 m |
| Motores: |
2
Mres. Diesel Vickers de 1000 cv / 2 Motores eléctricos
de 375 cv / 2 ejes y 3 palas por hélice |
| Velocidad: |
16,5
nudos en superficie / 8,5 nudos en inmersión
|
| Cota
máxima: |
90
m |
| Autonomía: |
6.800
m. a 10 n. en superficie / 3.200 m. a 16 n. en superficie / 150
m. a 4,5 n. en inmersión |
| Armamento: |
6
tubos lanzatorpedos de 533 mm. / 4 en proa y 2 en popa / 4 torpedos
en reserva / 1 Cañón de 76/45 mm. Anti-aéreo.
(En los "C-3" y"C-4", 1 Cañón
Bonifaz de 75mm) |
| Dotación: |
40
tripulantes |
| Precio: |
13.186.000
Ptas. (1922) |





La
tripulación del C-3, en Cartagena, en otoño de 1934,
tras un crucero de dos meses por el Mediterráneo (Ampliar)
Las
dotaciones submarinistas
Las
dotaciones submarinistas no eran ajenas a los problemas del resto
de la Marina en cuanto al malestar de los cuerpos auxiliares con respecto
al Cuerpo General o la aparición de grupos semiclandestinos
en las capas inferiores que comenzaron a organizarse a partir del
triunfo electoral del Frente Popular.
Sin
embargo, al contrario que en otros buques de superficie, en los submarinos
no hubo violencia, limitándose las dotaciones a detener y destituir
a los jefes de ideología más significada. Además,
el hecho de que la Flotilla saliera a la mar nada más conocerse
la sublevación de las fuerzas de Africa propició que
el personal submarinista tuviera escasa participación en las
revueltas ocurridas en Cartagena a poco de desatarse el conflicto.

Tripulantes
en la Sala de Torpedos del C-3. El 3o por la izda. es el Cabo
Joaquín Ruiz
|
Cuando
en la madrugada del 18 la Flotilla de Submarinos de Cartagena
recibe orden de salir a la mar se desconoce el alcance de la
sublevación, por lo que la situación está
muy tensa cuando a las 10 de la mañana los submarinos
abandonan sus muelles.
El
Capitán de Fragata Guimerá, Jefe de Flotilla,
arbola su insignia en el C-1 al que acompañan
el C-3, C-4 y C-6 y a los que
una vez en la mar se une el B-6.
Debido a la premura de tiempo y a la falta de oficiales, se
producen varios embarcos y desembarcos entre unidades y así,
procedente del B-5, que se encuentra en obras, embarca
en el C-3 el AN. Arbona. El comandante del C-3,
CC. Javier Salas Pintó, queda en tierra por lo que toma
el mando el segundo, teniente de navío Rafael Viniegra
Pérez-Roldán.
Al amanecer del día 20 los cinco submarinos se encuentran
desplegados frente a Melilla. La situación se hace insostenible,
las dotaciones recelan de su mandos y vigilan todos sus movimientos.
Finalmente es la dotación del C-3 la primera
que se subleva contra sus jefes cuando una comisión de
auxiliares y cabos se presenta al comandante instándole
a que explique su actitud ante los acontecimientos que sin duda
se han de presentar. Interviene entonces el segundo comandante,
alférez de navío Luis Jáudenes Junco, tratando
de contemporizar con la dotación y reuniéndose
a continuación con el comandante en la cámara
e oficiales, momento en que son detenidos y confinados bajo
vigilancia en el camarote del comandante. Toma entonces el mando
el alférez de navío Arbona que cuenta con grandes
simpatías entre la dotación.
|



La
fuerza submarina

Las
noticias de lo sucedido en el C-3 corren como reguero
de pólvora y pronto su ejemplo es imitado en otros submarinos.
Mientras tanto la Flotilla se ha dividido ya en dos grupos en uno
de los cuales navega el C-3 rumbo a Málaga en compañía
del C-4 y C-1, bajo el mando ya solo teórico
del CF. Guimerá que ofrece claras muestras de un insoportable
estrés y que al poco será desembarcado en Málaga.
De
esta forma la fuerza submarina queda muy mermada operativamente debido
a la falta de capacidad para el mando de sus nuevos responsables,
pasando prácticamente inadvertida el resto de la contienda.
La falta de preparación para el combate se hace patente cuando
pocos días después su ausencia sorprende a los nacionales
con motivo del paso del Estrecho de las fuerzas de Africa, ya que
aunque para entonces la supremacía aérea de los nacionales
es un hecho, la presencia en aquellas aguas de los submarinos hubiera
dificultado seriamente la operación.
Desde
aquí hasta su final el Cuaderno de Bitácora del C-3
ofrece muy pocas líneas. A mediados de agosto sufre una avería
en aguas portuguesas cuando iba a encontrarse en San Vicente con el
C-6, para subir al Cantábrico. Resuelta su avería
inicia el tránsito al norte en compañía del C-4
y C-5 transportando armamento portátil. La presencia
del C-3 en el norte fue meramente testimonial limitándose
a hacer presencia en los puertos republicanos de la cornisa cantábrica.
Mientras
esto sucede, la situación en el Estrecho evoluciona con mucha
rapidez. El Canarias hunde al Almirante Ferrándiz
y el Cervera persiguiendo al Gravina le obliga
a refugiarse en Casablanca. Así que mientras la Flota republicana
rompe el bloqueo en el norte, la nacional se apodera del Estrecho.
Como consecuencia las tropas de Africa pasan a la Península
comenzando el avance hacia al norte. La nueva situación requiere
un nuevo cambio de escenario para los submarinos. El dos de octubre
el C-3 arrumba de nuevo al sur. Para entonces ya se ha
fijado Málaga como nueva base de la Flotilla y allí
se encamina el C-3, sin saber que se dirige hacia su hora
más amarga.

Tripulantes
del C-3, en Tánger, finales de julio de 1936, después
de escoltar al petrolero Ophir. El segundo marinero por la izda.
es el Cabo Electricista Joaquín Ruiz Baena



 |
Operación
Ursula
U-33
y U-34
Destino:
España

|
Un
mes más tarde y mucho más al norte la trágica
suerte del C-3 estaba apunto de definirse. El dos de noviembre
el Alto Estado Mayor de la Marina Alemana aprueba una operación
de alto riesgo político, presentada por el capitán de
corbeta Karl Doenitz, comandante entonces de la Segunda Flotilla de
Submarinos con base en Wilhelmshaven.
La
operación, conocida con el nombre clave de Ursula
en homenaje a la hija de Doenitz, consistía en el envío
a aguas españolas de dos submarinos con idea de adiestrarse
en las tácticas submarinas en un escenario real. El objetivo
estaba definido con nitidez:
"Atacar
los buques españoles de bandera republicana, fundamentalmente
las principales unidades de superficie.
Las
acciones debían conducirse en el más estricto de los
secretos, reserva que alcanzó hasta hace pocos años
hasta el punto de que aún hoy existen ciertas lagunas de información
en cuanto a sus efectos.

Pero
sí sabemos que la operación fue en su planeamiento y
ejecución una operación combinada italo-alemana, pues
estaba previsto que los dos submarinos alemanes deberían ser
relevados el 11 de diciembre por otros tantos italianos, y que la
noche del 11 al 12 quedaba prohibido el lanzamiento de torpedos submarino-submarino
en evitación de lo que hoy conoceríamos como un enganche
blue on blue. Sólo unos pocos oficiales estaban
autorizados a conocer la operación, autorización que
por parte española alcanzaba únicamente al capitán
de navío Moreno, que era informado puntualmente por el capitán
de corbeta Meyer-Döhner.
El
20 de noviembre el U-33 y el U-34 abandonan
la base de Kiel dirigiéndose al Mediterráneo bajo unas
fuertes consignas de discreción. Sin marcas, numeral ni bandera
y bajo órdenes estrictas de abandonar inmediatamente la operación
y regresar a su base si eran vistos en alta mar por cualquier unidad.
Las dotaciones recibieron al embarcar severas instrucciones de mantener
el secreto de por vida, bajo pena de muerte.
El
30 de noviembre ambos submarinos habían alcanzado sus posiciones.
El U-33 al mando del teniente de navío Kurt Freiwald
se mantendría patrullando desde el cabo de Palos hasta el de
la Nao. El U-34 mandado por el teniente de navío
Harald Grosse patrullaría desde el cabo de Palos hacia poniente...
|
A
partir del primero de diciembre Harald Grosse da comienzo a
la orden de operaciones cuyas conclusiones finales debieron
ser la falta de calidad de los torpedos alemanes, además
de su escasa puntería.
Ese
atardecer ataca a un destructor republicano que patrullaba las
afueras del puerto de Cartagena, el torpedo falla y siguiendo
su trayectoria termina explotando en la costa. Nadie se preocupó
de investigar tan extraña explosión y la reserva
de la operación pudo mantenerse. La noche siguiente Grosse
inicia un nuevo ataque que cancela ante la aparición
de un destructor británico. Tres días después
lanza al Almirante Antequera sin alcanzarle. A los
tres días vuelve a atacar a un destructor y vuelve a
fallar. Finalmente el día 11 recibe orden de diversión
a Málaga.
En
el puente del C-3 el comandante charlaba con el
capitán de la Marina Mercante Agustín García
Viñas. A popa, los marineros De la Orden Y Lidón
despotricaban malhumorados de su suerte mientras arrojaban a
la mar los restos del almuerzo. Harald Grosse mientras tanto
enfilaba su submarino hacia el Estrecho de Gibraltar dando por
concluida su patrulla por el Mediterráneo. El adiestramiento
había sido bueno, los resultados no tanto. Antes de buscar
una cota segura para el tránsito decidió asomarse
por última vez al periscopio.
Los
ojos se le abren como platos. Lo que divisa allí fuera
es la silueta de un submarino. Sin ningún género
de duda es un submarino y es español, por lo que necesariamente
tiene que ser republicano. Antes de bajar el periscopio puede
divisar una serie de contactos de superficie alrededor del submarino.
La mar está extraordinariamente tranquila así
que la estela del periscopio puede ser vista desde buena distancia
y la discreción, recuerda, sigue siendo la principal
de las premisas. Con la mayor rapidez arría el periscopio
y efectúa la solución de tiro. Sabe que sólo
puede hacer un disparo y que la regulación del torpedo
debe ser extremadamente escrupulosa debido al escaso calado
del objetivo. Cuando vuelve a izar el periscopio observa que
el ángulo de disparo resulta demasiado justo, pero la
decisión ya está tomada.
|
|

La
orden de fuego retumba en todo el barco mientras el submarino pierde
momentáneamente el trimado echando de menos el peso del torpedo.
Las órdenes se suceden rápida y mecánicamente.
Sabe que debe ganar profundidad y mar abierto. En cuanto se oiga la
explosión todos los buques disponibles en el puerto de Málaga
saldrán a buscarle como galgos. Mientras su dotación
repite sus órdenes, Grosse calcula mentalmente la cuenta atrás
hacia el impacto. Atento escucha sin oír otro sonido que el
de su agitada respiración. Tiene tiempo de repetir la cuenta
atrás hasta tres veces antes de maldecir en voz baja la calidad
de sus torpedos o quizá su propia puntería hasta que
un joven marinero llama su atención.
 |
¡Comandante
oiga esto! Dice tendiéndole los cascos de escucha de
los hidrófonos. Grosse pone toda su atención en
el sonido que escapa de los auriculares. Aquel chirriar de hierros
retorcidos no puede ser otra cosa que un barco hundiéndose.
Y al fondo..., aquello son hélices y pistones ganando
velocidad. ¡Inmersión y silencio! Grita por última
vez renunciando a investigar el posible hundimiento. Aún
restan muchas singladuras antes de llegar a casa y la discreción
sigue siendo la premisa más importante.
El
21 de diciembre los dos submarinos alemanes alcanzaron sus esclusas
sin incidentes. Su parte de campaña señalaba 12
ataques, cuatro de ellos con lanzamiento de torpedos de los
que tres no obtuvieron resultado positivo. Del último
de estos ataques queda constancia escrita en forma del mensaje
enviado por Poseidón (nombre clave del U-34)
y que señala: F.T. 1603 K: AQ 14:19 Hundido submarino
rojo tipo C ante Málaga, reforzado por otro
del día 13: F.T. 0327 K: Se pudo comprobar pabellón
tipo C, sin duda alguna antes de disparar. Después de
la explosión el submarino desapareció sin dejar
rastro.
Harald
Grosse no vio el final de la guerra. Ascendido a Capitán
de Corbeta, obtuvo el mando del U-52 que fue hundido
en el mar del Norte en 1940 por el destructor británico
Gurkha. Grosse se hundió con sus 42 hombres.
Tampoco el U-34 alcanzó los tiempos de paz
ya que se hundió en Memel en el verano de 1943 al colisionar
con su propio buque nodriza.
|
Karl
Donitz, responsable de la escuadrilla de submarinos implicada en la
Operación Ursula, felicitado por Hitler.
El
Kaptanleutnant Harald Grosse fue el único marino alemán
condecorado con la "Goldene Spanienkreuz" (Cruz Española
de Oro), por el hundimiento del C-3, en un gran homenaje en Berlín,
en junio de 1939.




Los
testigos
Instantes
después del hundimiento una embarcación a motor se dirige
rápidamente al lugar de los hechos tratando de investigar lo
sucedido y regresando al poco tiempo al puerto de Málaga. Trae
consigo a un superviviente herido, se trata del marinero Isidoro de
la Orden que da en caliente una versión un tanto incoherente
y no reconoce haber escuchado explosión alguna.
A
los pocos días el capitán Agustín García
Viñas ofrece una versión más razonable. Asegura
que cuando se produjo el violento estremecimiento del submarino, además
de los otros dos supervivientes, se encontraban en el exterior del
submarino y concretamente en el puente, además de él
mismo, el comandante y el marinero Francisco Fuentes, dedicados todos
ellos a la vigilancia de submarinos. Declaró no haber escuchado
ninguna explosión ni haber apreciado estela alguna. Tampoco
advirtió ningún humo antes del hundimiento que si declara
haberse producido de manera especialmente violenta y rápida.
En
el momento del hundimiento el guardacostas Xauen se encontraba
a unas dos millas del submarino en dirección a Málaga.
Su tripulación coincide en afirmar que observaron una llamarada
muy rápida seguida de una fumarola blanca que ocultó
al submarino mientras desaparecía rápidamente hundiéndose
de proa. Ningún miembro de la dotación apreció
explosión alguna.
En
el mismo momento y a unas 3000 yardas del submarino en la demora opuesta
al Xauen, la tripulación de los pesqueros Joven
Antonio y Joven Amalia se dedicaban a la pesca del
boquerón. Su descripción coincide básicamente
con la del guardacostas si bien localizan la llamarada y la nube blanca
muy cerca de la proa.
Una
empleada de la central telefónica de la capital malagueña
señala que estaba precisamente observando al submarino en el
momento que pudo apreciar una llamarada seguida de una gran nube blanca
semejante a una columna de agua detrás de la cual desapareció
el buque en pocos segundos.
Existen
más versiones de testigos que se dicen presenciales pero resultan
poco coherentes y algunas contradictorias en sí mismas. Téngase
en cuenta que a la hora en que se produjo el hundimiento el malecón
de la ciudad malagueña es zona muy transitada y que el hundimiento
se produjo a unas cuatro millas de La Farola por lo que debió
existir una cantidad importante de testigos cuya declaración,
si se tomó, se perdió con el paso del tiempo.




La
versión oficial
Naturalmente
se ofreció una versión oficial por cada una de las partes.
La correspondiente al Ministerio de Marina y Aire Republicano se dio
el mismo día 12 y señalaba textualmente lo siguiente:
A
las ocho de la noche.- Esta tarde, a las dos y media, a la altura
de Málaga, fue torpedeado por un submarino ,evidentemente extranjero,
el submarino C-3, afecto a la Flota Republicana.
El
C-3 se hundió. Hasta ahora sólo se tienen
noticias de que se hayan salvado el capitán de la Marina Mercante
Agustín García Viñas y los marineros Isidoro
de la Orden Ibañez y Asensio Lidón Jiménez, los
cuales han sido hospitalizados en Málaga, a bordo del buque
Artabro. La tripulación del C-3 la
componían 47 hombres.
Naturalmente
y con posterioridad a la desaparición del submarino se concretaron
algunos puntos oscuros del hundimiento. Así el 22 de diciembre
el Jefe de la Flotilla de Submarinos, teniente de navío Remigio
Verdiá, comunica al Jefe de la Flota los resultados de la investigación
del hundimiento en los siguientes términos:
El
submarino C-3 salió a la mar las 5 horas del día
12 de los corrientes adjuntándose copia de la orden de operaciones.
El submarino hizo inmersión a las 5 55 horas hasta las 7 50
horas en que navegó en superficie con un motor diesel a 260
revoluciones, el barco navegó continuamente desde esa hora
hasta la hora del accidente, 14 35 de la tarde, unas veces a rumbo
y otras en zig-zag esperando avistar al Canarias y a unas 5 millas
de Málaga. A esta hora aproximadamente el barco se hundió
de proa sin poder asegurar fuese a causa de una explosión por
ser contradictorias las opiniones a este respecto. No se observó
desde el exterior del buque columna de agua de suficiente altura que
haga suponer el choque del submarino con una mina o el impacto de
un torpedo, únicamente hay conformidad en que desde el exterior
se apreció columna de humo que según unos testigos era
blanca y según otros negra. Al hundirse el submarino quedaron
flotando cinco náufragos, dos de los cuales se ahogaron. Los
tres supervivientes están conformes en afirmar que en la superficie
apareció una gran mancha de nafta, trozos de corcho pintado
de blanco y pescado muerto lo cual hace suponer que hubo explosión
aunque no de importancia tal que pudieran ser notados sus efectos
desde el exterior.
Considero
debe descartarse por completo la idea de que el buque ha sido torpedeado
por las razones siguientes:
1)
No se observó columna de agua de 60 u 80 metros de altura como
la que produce un torpedo.
2)
No se puede demostrar que la explosión fuera grande porque
entonces todos los testigos de dentro y fuera del barco la hubieran
claramente percibido.
3)
Ninguno de los que iban en el puente vieron estela ni periscopio.
4)
Ninguno de los pescadores de las proximidades la vieron tampoco.
5)
Sobre la cabeza de los náufragos no cayeron restos de explosión.
No
pudo ser mina porque aparte de las razones1,2 y 5, los rastreos que
en días sucesivos se hicieron no acusaron la presencia de ninguna
mina.
Concretamente
el barco al irse a pique rápidamente e inclinado de proa tuvo
que ser a causa de una entrada de agua muy rápida hacia esta
parte del buque y esta entrada de agua no puede haber sido producida
nada más que por la apertura de una gran vía de agua
en el casco resistente del buque, siempre producida por una explosión
de origen interno.
Esta
explosión ha tenido que ser un tubo de lanzar o bien en la
batería de proa. La explosión en un tubo de lanzar no
puede haber sido el torpedo pues estaríamos en la misma situación
que al considerar la explosión al choque de un torpedo, ha
debido ser la cámara de aire del torpedo la que ha hecho explosión
o bien algún artefacto de relativa pequeña potencia
para que sus efectos no sean visibles desde el exterior y colocado
por una mano criminal.
No
es probable explosión de batería como causa original
de la catástrofe pues, la batería no se estaba cargando
y no estaba cargada a tope además explosiones de baterías
ocurridas en nuestros submarinos han demostrado que el casco resistente
no sufre sino únicamente el cajón donde va encerrada
aquella. Hay que creer que hubo explosión posterior al perderse
el buque como lo demuestran los trozos de corcho que flotaron inmediatamente
y que indudablemente provienen de este material que forra el techo
de las cámaras de ambas baterías. A continuación
se acompañan la declaración de los tres supervivientes,
del patrón del pesquero Joven Antonio y del comandante del
guardacostas Xauen, testigos presenciales de la catástrofe.
Lo
que tengo el honor de informar a V. En cumplimiento de mi deber.
Otra
de las comunicaciones entre estos jefes advierte: Guarde sobre
todo esto la mayor discreción pues para efectos internacionales
quizá convenga no rectificar la primera versión del
hecho y nada más.
El
hecho cierto es que a pesar de estas informaciones posteriores, el
Gobierno Republicano no modificó la versión original,
ni siquiera en cuanto al número de desaparecidos que fue de
37 y no de 47.
Por
parte nacional se mantuvo siempre la versión que supone
una explosión interna, probablemente de las baterías,
como causa del hundimiento. A la finalización de la guerra
se llevaron a cabo varios intentos de reflotamiento, uno de ellos
con éxito, según una versión oficiosa que da
de alta al submarino en la Lista Oficial de Buques de la Armada, en
la que permanecería hasta su baja en 1947.

Buque
de Investigación y Salvamento A-102 Mar Rojo, de
la Armada Española. Gentileza de www.RevistaNaval.com


El
Hallazgo

Antonio
Checa
|
En
1996 Antonio Checa, un abogado malagueño aficionado a
la mar se encuentra disfrutando de un día de pesca en
el llamado Bajo del Submarino a unas cinco millas
del puerto de Málaga, cuando observa como emergen desde
el fondo del mar gotas de gasoil y aceite. Después de
comprobar el estado de su lancha se dirige a puerto y relata
los pescadores locales lo sucedido, estos le cuentan la historia
de un submarino hundido por aquella zona durante la guerra.
En
días posteriores vuelve a la misma situación y
el fenómeno se repite. El posible pecio se convierte
en una obsesión. Decidido a resolver el enigma desarrolla
durante dos años una febril actividad en busca de pruebas
que demuestren que el pecio y los restos del C-3
son una misma cosa. Escribe al Museo Naval, investiga en Internet,
interroga a los pescadores y navegantes locales hasta que finalmente
logra entrevistarse con Arsenio Lidón, único superviviente
del submarino con vida.
Está
convencido de que el submarino está allí, pero
le hace falta una identificación por lo que contrata
un vehículo submarino y lo sumerge en la zona. Sesenta
años después el C-3 vuelve a asomarse
la superficie en forma de imágenes de vídeo que
aunque no del todo nítidas permiten adivinar una superestructura
que podría ser la torreta, una forma oscura y alargada
que podría corresponderse con el puente y algo parecido
a los tubos de proa. Entusiasmado solicita la confirmación
de la Armada...
|
En
noviembre de 1998 el Estado Mayor de la Armada envía a la zona
al Buque de Investigación y Salvamento Mar Rojo
apoyado por buzos de la Unidad de Buceadores del Estrecho.
La
campaña se inicia con una serie de pasadas con el Sonar de
Barrido Lateral cuyos resultados no pueden ser más esperanzadores
ya que desde la primera pasada se obtiene un contacto claro e inconfundible
correspondiente a la silueta de un submarino. Después de sumergir
el vehículo submarino y al no obtener imágenes definitivas
el comandante, aconsejado por su larga experiencia submarina, decide
realizar una inmersión tratando de obtener una identificación
visual.
A
primera hora de la mañana todo está preparado y los
buzos comienzan la inmersión. Alcanzados los 58 metros el buzo
1 se detiene y estremecido alarga el brazo señalando a su compañero
lo que sin duda ambos identifican como los restos de un submarino
hundido. No hay duda, la silueta es inconfundible, el escalón
de popa de la torreta, las antenas, y posteriormente una vez alcanzado
el fondo, el periscopio. El submarino yace partido en dos a la altura
del primer tercio de su eslora y completamente rodeado de redes y
otras artes de pesca. La identificación ha sido positiva y
los buceadores, cumplida su misión, regresan a superficie.

A-102
"Mar Rojo". (R. Fuerza Naval, n 20. Foto: Javier Sanchez
García)




La
Hipótesis
El
reconocimiento e identificación de los restos del C-3
en situación 36° 40´N, 004° 21´W es un
hecho. Lo mismo que la implicación del submarino alemán
U-34 en su hundimiento. Sin embargo aún está
por resolver, al menos de manera completa, la causa definitiva de
su hundimiento. A la vista de las declaraciones de supervivientes
y testigos y conocidos los archivos de la Operación Ursula
lo más probable es que el submarino recibiera el impacto de
un torpedo que no llegó a explosionar, pero cuyas características
de calibre, longitud y peso lanzados a 40 nudos de velocidad resultaron
suficientes para abrir una brecha capaz de provocar su hundimiento,
máxime si la colisión se produjo en el compartimento
de baterías causando su explosión. Si así ocurrió,
el torpedo debe descansar en las proximidades de los restos del submarino
y en cualquier caso el estudio del casco podría conducir a
la hipótesis más coherente sobre las causas del hundimiento.
Lamentablemente se trata de una zona complicada para el buceo, donde
la visibilidad es escasa y la intensidad de la corriente alta y donde
hace algunos años ya se perdiera una pareja de buceadores que
trataban en la localización de otro pecio submarino desde el
Buque de Investigación y Salvamento Poseidón.

Conclusión
El
12 de diciembre de 1936 a las 1420 horas, el submarino C-3,
perteneciente a la Flota Republicana, se hundió en las proximidades
del puerto de Málaga arrastrando consigo a 37 de los 40 miembros
de su dotación, incluyendo a su comandante, alférez
de navío Arbona.

Ambos
bandos combatientes ofrecieron versiones oscuras y sesgadas por la
inevitable propaganda de guerra.
Una vez liberados los archivos de guerra de la Marina alemana, se
ha conocido con certeza que la causa del hundimiento fue el torpedeamiento
de la unidad por parte del submarino alemán U-34,
mandado por el teniente de navío Harald Grosse, en cumplimiento
de la Operación Ursula, ordenada por la máxima
autoridad naval alemana.
Sin embargo ninguno de los supervivientes o testigos del hundimiento
reconoce haber escuchado la explosión que sigue al impacto
de un torpedo, por lo que este debió impactar sin hacer explosión
ocasionando de cualquier modo la pérdida del submarino.
Los
restos del submarino han sido reconocidos positivamente por una pareja
de buceadores sumergida desde el Buque de Investigación y Salvamento
Mar Rojo, aunque las causas definitivas del hundimiento
no hayan podido aclararse.




(Para
escuchar el Himno de la Flota, pulsar sobre el banner)


ALFEX-02,
Noviembre de 1998: Submarino C3 In Memoriam
|
|
El
18 de noviembre de 1998, durante el desarrollo de las maniobras
ALFEX-02, los buques participantes abandonaron por
unas horas los ejercicios dirigiéndose a rendir homenaje
a los marinos desaparecidos en el hundimiento del C-3.
A
la orden del almirante las unidades cerraron formación
sobre el portaaviones Príncipe de Asturias
y con las dotaciones formadas en cubierta se dirigieron a la
situación donde hace 62 años desapareció
el submarino español, allí tras una breve exposición
de la efemérides por la red de órdenes generales,
se rezó la oración tradicional en la Armada seguida
de un responso. Finalizó el acto con el lanzamiento de
una corona de flores a las aguas malagueñas que acogen
al "C-3".
Si
el 12 de diciembre de 1936 significó para aquellos hombres
el día de la tragedia, bien puede decirse que el 18 de
noviembre de 1998 significó, para todos, el de la concordia.
|
El
Puerto de Santa María 12 de diciembre de 1998.


Los
autores

|
Los
Capitanes de Corbeta José A. Portolés Sanjuán,
Jefe de la Unidad de Buceo de la Zona Maritima del Estrecho,
con escafandra, y a su lado, de pie, Luis Mollá Ayuso,
comandante del "Poseidón", autores de este
trabajo, en la cámara de buzos, a bordo del AS-12 "Poseidon",
en 1998.
|
Bibliografía
- Submarinos Republicanos en la Guerra Civil Española. Gonzalo
Rodriguez Martín-Granizo/José Ignacio González-Aller
Hierro. Ediciones Poniente.
- Buques de guerra españoles 1885-1971. Aguilera y Elías.
Editorial San Martín.
- Armada Española siglo XX. Ricardo Cerezo. Ediciones Poniente.
- La pérdida del C-3. Jorge Bañón
Verdú. Internet.
- La intervención alemana. Jorge Bañón Verdú.
Internet.
-
Revista General de Marina. Nov.1998.

Testimonio
de Asensio Lidón, uno de los tres supervivientes, en 1998
(Ampliar)




Relación
de fotografías y sus pies de foto.
-
Miembros de la dotación del C-3 en la vela del
submarino.
- Submarinos de la clases C y B en el dique
del Arsenal de Ferrol.
- Karl Donitz. Mandaba la escuadrilla de submarinos alemanes que intervino
en la operación Ursula y uno de los cuales, el
U-34. Hundió al C-3.
- Submarino alemán Tipo VII, similar al U-34
- Capitanes de corbeta Mollá y Portolés, autores del
artículo.
- Perfil del submarino clase C.
-
Buque
de Investigación y Salvamento Mar Rojo, de la Armada
Española. (Gentileza de www.RevistaNaval.com)
- El Grupo Alfa, arbolando insignia en el Príncipe de
Asturias, rinde homenaje a los marinos desaparecidos en el hundimiento.
-
National Archives and Records Administration (NARA)
-
Fotos varias de la tripulación del submarino "C-3",
gentileza de Rita Campillo, hija de Rita Ruiz, sobrina del Cabo Elec.
del "C-3" Joaquín Ruiz Baena. (Magazine El Mundo,
8 de febrero de 2004)
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